Ignacio Santelices, director ejecutivo de la Agencia de Sostenibilidad Energética (AgenciaSE).

En el mundo de la energía, hay tres hermanos: el mayor, Fósil, quien permitió la revolución industrial; es a quien le toca hacer el “trabajo sucio” y lo hicimos trabajar demasiado. En los últimos años tomamos consciencia de que sus métodos no han sido los más adecuados y está pronto a jubilarse.

El segundo hermano es Renovable. Es la estrella en ascenso, todos los quieren porque es limpio, eficiente y glamoroso. El tercer hermano es Eficiente; es el más cercano a Renovable, y se complementan de maravilla. Sin embargo, es el hermano discreto, trabajador y de bajo perfil: el que escapa de las fotos y que es difícil de conocer; tiene que entrar en confianza antes de mostrar lo virtuoso que es.

Pese a lo poco conocido que es, Eficiente es tan importante que, a nivel mundial, contribuirá en mayor porcentaje a la reducción de emisiones de GEI que Renovable; en Chile, gracias a él podríamos cubrir un 35% de la meta de carbono neutralidad. Y en Japón, donde fue reconocido por ley hace 40 años, es tan poderoso que necesita poco más de la mitad de energía para producir una unidad de producto respecto del país que lo sigue en eficiencia, lo que tiene gran impacto en la productividad. No olvidemos que la energía es entre 10 y 15% de los gastos totales de una empresa.

Finalmente, según la Agencia Internacional de Energía, a 2040 el mundo tendrá un 60% más de edificaciones, un 20% más de población y el doble de PIB, lo que aumentará significativamente la demanda por energía. Adivinen quién puede conseguir que todas esas demandas adicionales se cubran sin requerir más energía… Sí, ¡Eficiente!

Sin embargo, por su personalidad introvertida, Eficiente es poco conocido y difícil de encontrar y por eso, en todo el mundo, se apoya su trabajo con leyes de eficiencia energética, que aceleran los cambios culturales y su conocimiento, como la que acaba de ser aprobada en nuestro Congreso. Esta ley nos permitirá conocerlo y visibilizarlo, y él nos ayudará a ser un país más limpio, más productivo, y que mejore nuestra calidad de vida, pues la ley institucionalizará la eficiencia energética como una política de Estado; facilitará que grandes empresas hagan permanentemente una buena gestión de energía; incentivará la llegada de vehículos más eficiente y de cero emisiones; informará a las personas al momento de comprar su vivienda sobre el consumo de energía de éstas; fomentará el buen uso de la energía en las instituciones del Estado y; permitirá regular el hidrógeno como un combustible.

Ha sido un largo proceso, pero la aprobación unánime en el Congreso de la Ley de Eficiencia Energética, junto al acuerdo con el proyecto de las ONG ambientales, el empresariado y la academia, nos muestra que podemos, como país, conversar y generar amplios acuerdos en torno a iniciativas que fomenten el desarrollo sostenibles.

Fuente: La Segunda

 

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